"En toda gestión, de cualquier naturaleza que sea, y más aún si se trata de una gestión de gobierno, las diversas acciones que en ella se despliega, responden a un conjunto de ideas, objetivos, criterios, intenciones, intereses, etc. Pueden ser manifiestos o implícitos, coherentes o contradictorios, simples o complejos, articulados o desarticulados. Pero no pueden dejar de existir.
Este conjunto de elementos es lo que cabe denominar: una concepción. Es ese el lugar desde el cual se orienta la acción.
Que una concepción oriente la acción no significa, en modo alguno, que de allí se desprenda un proceso coherente, línea ni, necesariamente, racional. Puede serlo o no.
Significa que la acción es determinada por elementos que pueden ser desde los más altos y nobles ideales, hasta el más pedestre o mezquino de los intereses." – Osvaldo Devries (Secretario General del Consejo Federal de Cultura y Educación durante el mandato de Menem).
Este conjunto de elementos es lo que cabe denominar: una concepción. Es ese el lugar desde el cual se orienta la acción.
Que una concepción oriente la acción no significa, en modo alguno, que de allí se desprenda un proceso coherente, línea ni, necesariamente, racional. Puede serlo o no.
Significa que la acción es determinada por elementos que pueden ser desde los más altos y nobles ideales, hasta el más pedestre o mezquino de los intereses." – Osvaldo Devries (Secretario General del Consejo Federal de Cultura y Educación durante el mandato de Menem).
Devries nos abre paso para comprender que no debemos
idealizar ninguna concepción. Éstas no poseen gran coherencia lógica, no están
claramente ordenadas en una escala de valores y prioridades, ni son conscientes
de ello, y por lo tanto fácilmente explicables. Suelen ser más implícitas que
explicitas. Pero tampoco es cierto que el fin justifique los medios, por el contrario,
muchas veces los medios revelan la verdadera autenticidad de los fines.
Ahora bien, un sistema de conducción se enfrenta a su mayor
reto: su propia credibilidad. Es una premisa básica, una condición insustituible.
Pues hacen falta muchas acciones, desde el lugar de la conducción, para obtener
credibilidad, pero muy pocas para perderla. Solo la coherencia, y la continuidad
en el tiempo de dicha coherencia, vence la desconfianza e instala la
credibilidad. Apuesto a qué esa última frase los llevó más allá del tema
Educación.
Que se ejerza la conducción no significa, en absoluto, inflexibilidad
y dureza en suplementación. ello implicaría desconocer la naturaleza
contradictoria de todo ser humano y, por lo tanto, de los sujetos sobre los que
se tiran la responsabilidad de conducir. Al
responsable de la conducción les corresponde reconocer las dificultades,
explicar, orientar y ofrecer nuevas posibilidades.
¿Cómo combinar las necesidades políticas coyunturales con
las que surgen del mejoramiento de la educación? Una alternativa principista puede
ser desatender las exigencias que provienen de la urgencia de mostrar “hechos
inmediatos”.
Una vez Daniel Filmus en 1993 (sociólogo, educador y
político argentino. Fue Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de
Argentina durante la presidencia de Néstor Kirchner. Se desempeñó también como
Senador Nacional por la Ciudad de Buenos Aires durante el período 2007-2013. Actualmente
es Diputado Nacional por la Ciudad) se preguntó: ¿Tiene sentido asumir la gestión pública en el ámbito de la educación
cuando esta se halla inmersa en una larga y profunda crisis que requiere para
su solución de recursos y consensos difícilmente disponibles en los cortos
plazos que actualmente brinda la política?
Y él mismo se respondió “Una de las primeras tensiones que
es necesario enfrentar desde la educación educativa está referida a cuál es la función social principal de la educación
en la actualidad. […] El vaciamiento de contenidos socialmente significativos
que sufrió el sistema educativo y la creciente necesidad de que las escuelas
atiendan sentidas demandas sociales de los alumnos y sus familiares, exige
tomar una decisión respecto a cuál es hoy la misión principal de la escuela:
producción, recreación y distribución de conocimientos y valores o resolución
de problemas alimenticios, afectivos, sanitarios, de prevención, de contención
familiar, etc, etc.
Es verdad que no se pueden dejar de atender las necesidades
asistenciales de los alumnos. Sin satisfacer algunas de estas demandas
mínimas, como por ejemplo la alimentación. Sin embargo, al haber colocado
durante años estas problemáticas como la preocupación central de muchas
escuelas, se estrechó sensiblemente el espacio dedicado al conocimiento. De
esta manera se corrió el riesgo de perder la especificidad qué caracteriza la
institución educativa.
Es por ello que la recuperación del valor de la escuela en la distribución de los conocimientos y
valores requiere un trabajo especialmente ideológico. Implica desarrollar
la capacidad y creatividad del docente para generar los mecanismos que permitan
que la incorporación de las otras funciones sociales de la escuela fortalezca
este eje vertebrador y no lo debiliten. Significa plantearse como uno de
los problemas principales cuáles son los conocimientos y valores que la escuela
debe transmitir para desarrollar los principios éticos, la cultura del
trabajo y las habilidades y competencias necesarias para lograr un buen
desempeño en los diferentes ámbitos de la vida social: la familia, el
trabajo, la cultura y la participación solidaria en los procesos políticos y
sociales.”
Destacados economistas en los países más desarrollados
sostienen, hoy, que “el capital principal que cobija una sociedad, es su
conocimiento. Que el desarrollo y el porvenir económico de un país, dependen de
su política de formación de recursos humanos”
Aquello de considerar a la educación como una inversión y no
como un gasto parece estar incorporado en el ADN argentino. Pero eso no aminora
tampoco la importancia de evaluar con rigurosidad, la eficacia de dicha
inversión. Pero para su mejor rendimiento, para mejorar la calidad de la
educación, y no para un mero ahorro de recursos.
¿Es qué no se puede cambiar nada entonces? Por supuesto que sí,
pero la posibilidad de que la transformación sea exitosa depende, entre otros
factores, de la necesidad de tener en cuenta los procesos y experiencias
anteriores, la pertinencia y calidad de la propuesta y de los mecanismos de participación generados para
su elaboración. Pero también depende tanto de la adecuada elección de los
puntos de ruptura con elementos de una cultura escolar predeterminada, como de
la firmeza y convicción con qué se
enfrentan las resistencias.
La capacidad de la conducción estará vinculada a la
posibilidad de evitar que las diferentes perspectivas se neutralicen entre sí.
A partir de allí el objetivo es que se articulen desde sus propias concepciones
y con sus matices y riquezas especificas en torno a lo que, me imagino, todos
deseamos: Educación gratuita pública de
calidad.
Bibliografía Consultada:
Wikipedia. es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Filmus
Infobae. www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-45582530
Libro: ¿Es posible mejorar la educación? Fundamentos y experiencia
de una gestión educativa. – Osvaldo Devries y colaboradores.
Libro: Qué pasó en la educación argentina. Breve historia
desde la conquista hasta el presente. – Adriana Puiggrós

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